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Maxi Rescia: “El deportista argentino nunca olvida su pasado. Por eso somos buenos competidores”

18/10/2016 – El futbolista de Catgas Energia repasa sus primeros días en Santa Coloma y nos cuenta su aventura profesional desde que salió de Argentina.

Llega a Catgas Energia y, casi sin entrenar, ayuda al equipo a ganar los dos primeros partidos de liga. ¿El inicio de temporada ha superado sus expectativas?

Es cierto que ha sido muy positivo. Para nosotros ganar era el objetivo, sobretodo el partido jugado en casa contra Jaén. El encuentro del Pozo sabíamos que era difícil, pero el equipo está con una buena mentalidad. Creo que supimos sufrir en los momentos decisivos.

¿Siente que ha tomado la decisión correcta viniendo a Santa Coloma?

Si, totalmente. Creo que es el mejor camino que podría haber tomado. El grupo que me he encontrado es muy bueno, tanto dentro del vestuario como en la directiva. Antes que un club, esto se parece más a una pequeña família. Me han hecho sentir cómodo desde el principio y como uno más.

¿En qué zona de Argentina nació y por qué empezó a jugar al fútbol sala?

Soy de Buenos Aires, de la capital federal. En Argentina sucede un poco como en otros países de América Latina. Todos los niños juegan a futbol y a futbol sala hasta los doce años. Luego toman el camino que creen que es mejor para ellos. Yo dejé el futbol a los 15 años y entonces fue cuando mi hermano me propuso la opción de volver al fútbol sala para jugar en Pinocho.

En aquel entonces era un club de barrio que había ascendido a Primera División. La verdad es que tuve suerte, ya que pude ganar títulos con las divisiones inferiores y entonces la selección argentina sub20 de futbol sala me convocó. Cuando salté al primer equipo ganamos cinco campeonatos y fuimos nombrados mejor club del mundo en el 2007. Los resultados fueron lo que me incentivaron a seguir por el camino del futbol sala.

¿Cómo era el fútbol sala argentino en aquel entonces? Aún se arrastraban las consecuencias de la gran crisis del 2001?

La verdad es que estaba aún por desarrollar. Era un deporte muy amateur, pero en parte gracias a nuestro crecimiento todo el futbol sala del país se vio impulsado. Actualmente Pinocho es el club más importante de Argentina, aunque hace diez años vivíamos otra realidad totalmente distinta. Los jugadores cobrábamos muy poco. Jugábamos más por pasión que por otra cosa. Después de ganarlo todo, decidí que era el momento de salir hacia Europa. No quería estancarme.

¿Cuándo empezaba, se tomó el deporte como una forma de mejorar su vida, o simplemente era algo que le gustaba?

Cuando empecé creo que viví una de las mejores etapas de mi vida. Hoy no podría hacer todo lo que hacía en esa época para poder jugar y entrenar. Recuerdo que me levantaba cada mañana a las siete para ir a la universidad. Estudié Comercio Internacional durante dos años y por las tardes practicaba boxeo antes de los entrenamientos de fútbol sala. De cinco a ocho de la tarde boxeaba y luego me iba a entrenar al club con mi división y con el primer equipo. Al final, me pasaba el día estudiando y de cinco de la tarde a doce de la noche hacía deporte. Cuando por fin llegaba a casa caía rendido en la cama, pero creo que esa rutina me hizo muy fuerte mentalmente.

¿Por qué no pudo terminar sus estudios?

Llegó un momento que tuve que tomar una decisión. El 2008 era año de Mundial i yo quería jugarlo con Argentina. Tuvimos que viajar mucho para poder prepararnos contra rivales de categoría. En España no hay problema con eso, pero allí es distinto, porque sólo había la opción de ir a Brasil. Nos movíamos por todo el mundo y, al final, tuve que dejar la carrera.

¿De qué forma le llegó la opción de fichar por el Napoli?

Antes de eso, con sólo 19 años, yo ya había recibido ofertas. Mis padres no querían dejarme marchar y recuerdo tener que reunirme a escondidas con algunos representantes que venían a buscarme desde Europa. Después de quedar subcampeones del Suramericano sub20, con algunos de mis compañeros actuales en la absoluta, recibí una propuesta del Napoli que era irrenunciable. Fue una decisión personal más que económica. Quería crecer deportivamente y mis padres lo tuvieron que entender. Después del Mundial de 2008 me fui para Italia.

¿Dejó su casa sin saber qué se iba a encontrar en Europa?

Un poco si. Ahora lo recuerdo y pienso que fue una locura, pero al final si uno no hace este tipo de cosas no puede evolucionar. La verdad es que pasé por momentos malos, porque no sabía hablar el idioma y me encontré en una plantilla de estrellas. Tenía como compañeros a Rogerio y Dimas, que venían de Inter, y también estaba gente como Fabio Alcaraz, Chilavert, Sandro Zanetti y Bertoni. La verdad es que no fue fácil ganarse el sitio. Tuve la suerte de ganar el Scudetto sub21 en el primer año con el club y eso me dió confianza, porque al principio los jóvenes estábamos en la plantilla de Primera sin jugar demasiado. Creo que a partir de la tercera temporada en Italia ya empecé a estar bien considerado como futbolista.

¿Estuvo muchos años en Italia porqué encontró un lugar dónde se sentía cómodo viviendo, aún pudiendo ganar más dinero en otras ligas?

Supongo que sí. Después de la Final Four del año pasado experimenté la misma sensación que cuando me marché de Argentina. Sentí que en Italia ya no tenia nada que hacer. Fueron muchas finales y muchos títulos y me costaba mantener el hambre. Hablé con el Pescara y al principio no me entendían. Me ofrecían más dinero y yo les decía que no me interesaba eso. En mi vida siempre he intentado tomar caminos que no sólo se basen en lo económico. Para venir a Santa Coloma valoré el tema de vida y el tema deportivo. Cuando jugaba en Pinocho siempre veía los vídeos de la LNFS y soñaba con jugar aquí. Además ya conocía Barcelona porque había venido de vacaciones y es una ciudad que me encanta.

¿Con Argentina, el objetivo inicial en el Mundial era ganar?

Antes de viajar, Diego (Giustozzi) nos dijo que el objetivo era jugar siete partidos. Eso quería decir estar entre los cuatro primeros. La verdad es que hay un dato que mucha gente no tiene en cuenta. Desde que Diego se hizo cargo de la selección hace tres años, en total hemos participado en siete torneos con rivales de primer nivel. En los siete llegamos a la final y eso nos hizo estar seguros de nuestras opciones. El vestuario tenía claro que jugar siete partidos significaba tener que estar en la final. Creo que contra Rusia salimos con la mentalidad correcta y conseguimos que ellos se equivocaran. En partidos así, el poder mental es determinante.

¿Por qué el deportista argentino tiene este gen competitivo tan fuerte?

Es una buena pregunta, porque es algo que en general se va repitiendo. Somos un país dónde todo cuesta mucho. En España, los niños cuando empiezan lo tiene todo más sencillo. En mi caso, cuando comenzaba a ir a la selección tenía que tomar dos o tres autobuses para ir al entrenamiento. En Europa el nivel de vida ha sido siempre superior y creo que los deportistas profesionales argentinos nunca olvidan de dónde vienen cuando compiten. El pasado nos ha marcado mucho. Antes de la final del Mundial nos pusieron un vídeo de cuando éramos pequeños para que saliéramos con esos recuerdos bien presentes.

¿Qué se encontró el equipo después de ganar el torneo más importante del planeta, teniendo en cuenta el nivel de exigencia que siempre tiene el aficionado argentino?

Lo malo de la mentalidad argentina es el exitismo que existe. Somos un pueblo que quiere el éxito siempre y nadie está contento con un segundo puesto. Recuerdo llegar al hotel después de la final, empezar a conectar el teléfono y ver que el país se había revolucionado con nuestro éxito. En el avión pudimos coger los principales periódicos del país y aparecían nuestras caras en todas las portadas. Era algo espectacular. Llegamos al aeropuerto a las 3 de la mañana y había 500 personas con banderas haciendo una fiesta.

En parte, creo que el título tubo más repercusión por los últimos resultados de la selección de fútbol. La gente nos vio como unos chicos que nos matábamos por la camiseta de Argentina. Yo creo que la selección de fútbol también lo hace, pero han tenido muy mala suerte, aunque parte de la afición no lo entienda. La verdad es que nunca había vivido algo igual en mi país. Me pasé unos días durmiendo tres horas porque nos llamaban a diario de todas las televisiones y las radios. También visitamos la casa del presidente y recibimos mensajes de la selección de fútbol. La verdad: fue una locura!

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