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“La Manchega”, una exquisita tradición

En el año 1880 instalaron la primera churrería y hoy siguen usando la receta de entonces

Lo primero que nos cuenta Pedro Muñoz es que la suya y la de sus hermanos es la quinta generación de churreros de su familia. “Fue mi bisabuela la que empezó en este negocio. Bueno no en este sino en uno en el pueblo. Somos de Tomelloso, un pueblo de Ciudad Real. Mi bisabuela se llamaba Juan Muñoz y fue ella quien por el mil ochocientos y pico abrió la primera churrería en plaza de Abastos de Tomelloso, se ríe, “no conocemos otra cosa”, se muestra orgulloso de su trabajo.“Nosotros seguimos haciendo los churros con la receta de ella, lo fabricamos de manera 100% artesanal, igual que hacía ella en el 1880, por eso gustan tanto”.

Se añade a la conversación el padre, José María Muñoz y nos cuenta “una vez compramos una máquina, que solo vertía la masa, pero la masa la hacía yo como siempre. Fue curioso pero al verla la gente empezó a desconfiar de la artesanía de mis churros y dejaron de venir, tuve que deshacerme de ella. El hecho de ser un producto 100% artesano el que ofrecemos la gente lo agradece y marca una diferencia con el resto de locales del mismo rubro y nos da un sello nuestro, tiene mucha tirada.

Comencé, nos aclara José María, con una churrería en la Trinidad, ya que aquí en Santa Coloma estaba un tío nuestro que tenía local de la esquina que luego fue nuestro. Más que un local era una barraca. Era lo que existía en aquel entonces, dice José María, “por el año 72 o 73, mi tío dejó la churrería y entonces la cogimos con mi mujer y nos venimos todos para Santa Coloma. Fueron años muy duros para ellos, todo era trabajo poder salir adelante, era muy sacrificado”. Sigue José María, “luego cuando dejamos la barraca cogimos el local de la esquina, calle Sicilia, número 9, allí estuvimos casi 40 años, ahí sí que notamos un cambio, pudimos poner 4 ó 5 mesas y eso marcaba una diferencia del día a la noche. Una cosa que ha cambiado mucho es la cantidades que se vendían, antes cuando las familias eran numerosas vendías 1 kilo, 2 kilos de churros, ahora se venden, 200 gramos, 300 gramos dependiendo la familia. Ahora los domingos no se trabaja tanto, que era el día fuerte, antes era un no parar, la gente no se iba por allí y se quedaba en casa y pasaba a tomar su chocolate, o sus patatas, sus cortezas, en fin, eso ha cambiado bastante”.

Hace memoria buscando en sus recuerdos, “no parábamos, mira por las calles había collas de hombres trabajando, que instalando el gas, la luz, el agua esas cosas, entonces esos hombres paraban y hacían el café con churros o su chocolate. Ha cambiado, eso es cierto, pero no nos podemos quejar, nuestro producto es relativamente barato y muy bueno, por lo cual la gente sigue viniendo no igual que antes, pero vamos haciendo poco a poco, nosotros ahora y mis padres antes, siempre a pesar de las distintas crisis hemos ido manteniéndonos. A la gente le gusta lo que hacemos y como lo hacemos y eso lo agradecen viniendo y para nosotros es un orgullo el mantenernos a pesar de todo durante tantos y tantos años”.

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