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Santa Coloma homenajea a sus personajes recién fallecidos

Redacció - 05/05/2016
Alegría Cerdá

Santa Coloma ha sabido homenajear al gran alcalde Lluís Hernández, fallecido en julio pasado, y también a vecinos destacados que nos han dejado recientemente: Alegría Cerdà, la droguera del Fondo; Dolors Solis, de la Asociación de Mujeres de Singuerlín; Joan Camarasa, del Casal d’Amistat amb Cuba y Adolfo Marsiñach, de Asociación de Vecinos de Can Mariné. Y antes aún, Mar Aubeso, de la Asociación de Vecinos del Raval, y la maestra Isabel Muñoz.

Al tiempo que se lamentaba el fallecimiento de doña Alegría Cerdá, se homenajeaba en el Colegio Lluís Millet a Isabel Muñoz. La maestra colomense murió el pasado 17 de septiembre. Su trayectoria en el mundo de la educación -desde el Casal del Mestre a la presidencia de la Federación de Movimientos de Renovación pedagógica-, su compromiso con la ciudad y su calidad humana, han suscitado numerosas muestras de respeto por parte de la comunidad educativa y la población en general. Y lo mismo puede decirse de todos los demás, de distintas ideologías, pero igualmente respetados y queridos. Ya informamos del sentido homenaje Mar Aubeso Rull, una libertaria que junto a su compañero, Manel Tomàs, trató de cambiar Santa Coloma y el mundo desde su librería y la asociación de vecinos del Raval. El mismo interés por la ciudad movió a Lola Solís, feminista y antifranquista de Singuerlín, y fundadora de ICV. Y a Adolfo Marsiñach, entregado a Can Mariné y el fútbol sala colomense. En alguno de los actos se leyó la frase de Bertolt Brecht: “Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero los hay que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles”.

Dolor en el Fondo por Alegría Cerdá
Consiguió cumplir 98 años, a pesar de que no tuvo una vida regalada. Alegría Cerdá Gil murió el día 12 de abril. Alegría era una mujer querida en el Fondo, donde se instaló en los años 50.
En una entrevista a Fòrum-Grama explicó que cuando llegó casi todo eran campos de trigo y cebada, y que las pocas calles que había eran un lodazal. Alegría y su marido compraron por 500 pesetas el solar de la plaza del Reloj en el que levantaron su casa y la droguería, que aún sigue abierta.

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