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La residencia pública Ramon Berenguer se amplía con 42 plazas

Jordi Corachán - 02/06/2016
Residentes del centro en una de las salas de descanso.

Tiene vestíbulo de mansión, pese a ser un edificio sencillo, con pinta de hotelito de aires puros. Al fin al cabo, con esa filosofía se abrió en noviembre de 1973 en lo alto de Singuerlín: residencia Ramon Berenguer para parejas y personas solas pensionistas de la Seguridad Social, rezaba la propaganda de la época. Matrimonios como el formado por Magdalena Pizarro y Blas Ruiz, que le dejaron a su hijo parado el piso de Las Oliveras y se subieron a la residencia a iniciar una nueva vida.

El mostrador del vestíbulo funciona como una rotonda, que regula el tráfico de hombres y mujeres con cierto grado de dependencia (dos y tres), que caminan deslizando los pies o con ayuda de andador, bastón, o silla de ruedas, y a algunas veces de un brazo amable.

Es un ambiente de ebullición, más similar al de un mercado que al de un hospital, a pesar de los pesares. Huele bien y la gente sonríe. Hay alegría con los 24 nuevos internos que han ido llegando estos días en cuenta gotas y los 18 más que vendrán antes de finalizar el año. Ahora son ya 147 internos y 14 auxiliares de geriatría más, y tres enfermeros y una fisioterapeuta. Hoy, la residencia pública da trabajo a 123 profesionales y atiende a nuestros mayores más necesitados (el 80% colomenses), que deben aguardar tres años de lista de espera. Una lista que hoy es de 200 personas, pero que no para de crecer.
Por eso, la ampliación era una de las reivindicaciones mantenidas con más insistencia por Santa Coloma en su conjunto, con su alcaldesa Núria Parlon (PSC) al frente y políticos como Alexandra Sevilla (ICV-EUiA) y otros empujando en la misma dirección. Al igual que ha hecho el director del centro, Xavier Soley, que en sus ratos libres es concejal de CDC en Sant Adrià. Han sido cinco años remando juntos para que el Govern de la Generalitat aprobara el presupuesto para la ansiada ampliación.

Y es que todo estaba a punto para la ampliación a 165 plazas desde el 2011, pero nunca parecía llegar el día. Estaban las camas y los armarios, pero faltaba lo principal, la dotación de personal.

No ha sido un proceso fácil. De hecho las obras de reconversión del centro se remontan al 2006, cuando los técnicos descubrieron que vigas y paredes maestras estaban carcomidas por la aluminosis. Cinco años tardaron en reparar la estructura y mover los tabiques para dotar a la residencia de una distribución más funcional y moderna. Fueron cinco años y 14 millones de euros gastados en vitaminar el esqueleto de la Ramon Berenguer.

Nueve mil metros
Era un hotel y ahora es una residencia asistida para personas mayores con problemas físicos o cognitivos, con lavabos adaptados. Son los mismos 9.297 metros cuadrados, pero distribuidos para que los residentes puedan hacer actividades personales o en grupo.

Desde el vestíbulo salen pasillos que llevan a grandes salas para hacer manualidades, conversar o mirar la tele. En una de ellas, el director atiende algunas sugerencias tras los cambios y una psicóloga hace recomendaciones a la hija de una anciana recién llegada.

Unos 800 euros al mes
La dirección de la residencia dice que el trato personalizado es el valor añadido del centro. También el precio, ya que en el coste medio de una residencia geriátrica en España es de 1.829,81 euros al mes, mientras que en Santa Coloma se sitúa en torno a los 800 euros. “Se cobra en función de la renta, con un máximo de 1.300 euros al mes”, sostiene Xavier Soley, que hoy es un hombre feliz.

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