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La culminación del parque de Can Zam se hará esperar un mandato más

Javier Torres / Jordi Corachán - 05/04/2016
Ada Colau, hoy alcaldesa de Barcelona, apoyó las reivindicaciones de Can Zam, el 10 de junio de 2013.

A los pies de los edificios de colores de Singuerlín, Les Oliveres y Can Franquesa, encajado entre la fábrica de Cacaolat, la B-20 y el río Besòs, nuchos vecinos se toman un respiro en el parque de Can Zam. Aunque todavía hay obras: “Estamos trabajando para mejorar el parque de Can Zam”, justifican pequeños carteles repartidos por el lugar. Aún hoy, 40 años después.

La Plataforma per la Defensa de la Serra de Marina i Can Zam se ha encargado de recordar la cuarentena de años de lucha a través de diferentes actos, como la conferencia que llenó la sala de la Torre Balldovina el día 25. O la comparsa de disfraz colectivo de parque urbano, verde y frondoso que desfiló en el Carnaval. “40 años son muchos años y ya es hora que el parque de Can Zam se acabe de una vez”, sostiene el manifiesto suscrito por una treintena de entidades y partidos políticos de la oposición.

“Mucha gente pensaba en Can Zam para instalar muchas cosas, desde colegios hasta ambulatorios. Pero decidimos qué queríamos y que la ciudad necesitaba un parque como el de la Ciutadella”, cuenta Jaume P. Sayrach, uno de los activistas que más ha bregado y brega, a sus 80 y tantos, en esta iniciativa popular. Y el primer regidor de Urbanismo del Ayuntamiento tras la recuperación de la democracia. Aquel a quien le ‘tocó’ “salvar Can Zam” de un futuro gris lleno de industria y cemento, tal y como pretendían los últimos coletazos del Franquismo. “Lo cerramos con vallas, aunque el terreno no era nuestro. Era una obra que no podíamos hacer, pero el Ayuntamiento era comunista y la gente tenía miedo de los comunistas. La propiedad nos veía como enemigos”, confiesa el colomense.

Los dueños de los terrenos, finalmente, pactaron la venta con la socialista Manuela de
Madre a principios de los 90. La AMB desembolsó unos 2.000 millones de pesetas para hacerse con el suelo, que, a finales de esa década, ya experimentaría los primeros resultados de la 1ª fase de desarrollo del espacio. No sin antes verse envuelto en un debate sobre la conveniencia de dar cobijo a un espacio destinado exclusivamente a celebrar la Feria de Abril de la FECAC cada año, una idea que levantó ampollas y que finalmente se descartó. A las puertas de la 2ª fase, las obras de la Línea 9 de metro alteraron el orden lógico del crecimiento del parque, que quedó en ‘stand by’.

Enmienda parlamentaria
La alcaldesa Núria Parlon admite que queda camino por recorrer y subraya las décadas de reivindicación ciudadana, pero también pone en valor el trabajo hecho, las expropiaciones negociadas y los recursos invertidos. Pone el foco en su enmienda presupuestaria en el Parlament para conseguir que la Generalitat desafectase el terreno ocupado por las obras de la L9 y que el Govern se encargase de la adecuación del espacio, que terminó hace pocas semanas. En definitiva, una restitución de 16.000 metros cuadrados por valor de más de un millón de euros.

El proyecto añadirá frondosidad con 13.000 metros cuadrados de césped y 1.500 de arbustos. Este año, subraya Núria Parlon, se incorporarán 13 zonas de juegos infantiles, dos para la práctica de fitness y un circuito para runners, además de áreas de picnic. “Queremos que Can Zam recupere verde, pero también que esté bien equipado”, puntualiza la alcaldesa socialista, que recuerda el reciente estreno de un skate park y de la inauguración de las pistas de atletismo, hace un año. Un gasto global que supera los 5 millones en estos últimos tiempos.

Segunda fase
Una vez efectuadas las mejoras, la primera fase de Can Zam se dará por definitivamente zanjada y comenzará el asalto por la segunda, destinada a desarrollar el parque en toda su plenitud, como el espacio metropolitano verde y frondoso que conectará el río Besòs con la Serralada de Marina en un corredor natural que abrazará la ciudad. Aunque se trate de un abrazo para el que, todo apunta, habrá que esperar algunos años más. “Debemos decidir cómo encarar la segunda fase, definir los usos y conciliar las reivindicaciones y necesidades, algo para lo que todos deberemos hacer ciertas renuncias”, avisa Núria Parlon.

Conciertos
Se refiere a mezclar en su justa proporción la frondosidad tan largamente reclamada con los equipamientos y con un espacio capaz de acoger acontecimientos como el Rock Fest Barcelona o las ferias que organice la ciudad. “Vemos totalmente posible compatibilizar el desarrollo del parque con la celebración de acontecimientos”, concluye la concejala. No la contradice meridianamente Jaume Sayrach, que no pondría objeciones a actos que no aplasten ni perjudiquen el parque, si bien no ve conveniente montar grandes conciertos con decenas de miles de personas. “Los bailes y conciertos atraen a mucha gente y dejan dinero; tiene efectos inmediatos y tangibles. Convertir Can Zam en un pulmón verde tendría una repercusión muy positiva pero no es tan material, no mueve a tanta gente joven, no da tantos da tantos votos”, lamenta Sayrach. Conciertos o no a parte, el grifo de la inversión no podrá volver a regar Can Zam este mandato, según apunta la alcaldesa: “El parque es una prioridad del gobierno pero no podemos hipotecar el presupuesto de inversiones de este mandato para acabarlo de golpe. La ciudad tiene muchas necesidades.

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