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El ejemplo Tito

Bernat López
Tito, un ejemplo de superación I Foto: B.López.
La historia de Faysal Boujghal, ‘Tito’ en Santa Coloma, demuestra que la voluntad lo es todo a la hora de cambiar de vida.

03/01/2017 – La historia de Faysal Boujghal, ‘Tito’ en Santa Coloma, demuestra que la voluntad lo es todo a la hora de cambiar de vida.

Desde hace algunos años, en Santa Coloma de Gramenet se hablan maravillas del increíble impacto que ha tenido el proyecto de integración del Karate Can Peixauet. Jóvenes de distintos estratos sociales, religiones, nacionalidades y etnias han conseguido dotar sus vidas de disciplina y deporte gracias a la incansable labor del maestro Lee Redondo y sus colaboradores.

Como en todo proceso hacia el éxito, el punto de partida siempre marca tendencia. Sin duda alguna, en el largo camino recorrido por el Karate Can Peixauet, la primera piedra superada fue la de mayor reconocimiento.

Faysal Boujghal (1994), Tito para los amigos, tiene 22 años y camina por la vida sonriéndole a la gente. Su historia es sobradamente conocida en Santa Coloma y, si paseas con él por la calle, es raro no verlo detenerse a saludar a vecinos y conocidos del barrio de Santa Rosa.

A este joven nacido en Nador (Marruecos) le cuesta mirar hacia el pasado. Según dice, le sigue afectando recordar su etapa ligada a la delincuencia. Si accede a hablar con nosotros es por Lee, seguramente una de las personas que más impacto han tenido en su vida. En el Karate Can Peixauet, con Tito empezó todo.

Camino hacia el abismo

Quién le iba a decir a Faysal que, a punto de cumplir 23 años, podría presumir de mantener a toda su familia gracias a su empleo de soldador. Tito tiene un hermano menor con un alto grado de discapacidad y ahora mismo sus padres no trabajan. Él lucha a diario y de forma honrada para que en casa no falte nada. Tiempo atrás, el camino fácil era el escogido.

Para un crío de 10 años, adaptarse a un país nuevo no debe ser tarea sencilla. Tito llegó a Santa Coloma en 2004 y necesitó “tres o cuatro meses para pillarle el rollo a todo”. El joven colomense no pudo terminar sus estudios de ESO, ya que en tercero lo expulsaron del instituto. “Me comportaba mal, molestaba a la gente y no era un buen estudiante. Tenía más ganas de estar por ahí que de estudiar”, reconoce.

Fue entonces cuando Faysal comenzó a sobrevivir en la calle. “Me empecé a dedicar a mi profesión ilegal. Hacía atracos y robaba casi a diario. Mi familia no sabía nada, porque no pasaba mucho tiempo en casa. Yo le decía a mi madre que estaba trabajando y le daba dinero. Ella se preguntaba cómo era posible que ganara tanto”, nos cuenta nuestro protagonista.

En la actualidad, Tito puede celebrar el haber cerrado por completo aquel oscuro capítulo de su existencia. Hoy goza de una vida tranquila, ordenada y responsable y no le gusta que los fantasmas del pasado le persigan.

“He madurado y sé valorar las cosas. He aprendido a pensar antes de actuar. Antes era muy impulsivo y, cómo no tenia una mentalidad abierta, estaba orgulloso de ser como era. Siempre había pensado que la calle era mía y que me iba a comer el mundo”, declara.

Empujón de redención

“Cuando cazan al pájaro y te meten en la jaula, todo se viene abajo”, asegura Tito con completa sinceridad. Para este chico de 22 años, “la privación de libertad es lo peor que existe”. Él ha estado un año preso en España y, después de irse a Alemania a “buscarse la vida”, fue detenido y condenado por un robo con violencia. El precio a pagar era elevado: un año y seis meses. Al final, gracias a tener sus papeles en regla, Tito fue trasladado a España. Aquí le esperaba su maestro: Lee Redondo.

“Esta fue la segunda y la última vez que Lee me dio una oportunidad. Antes de irme a Alemania ya me había expulsado del karate. Cuando volví me dijo: si la vuelves a cagar, no querré saber nada más de ti. Vi que lo perdía todo y entonces reaccioné”, comenta Faysal.

Tito y Lee se habían conocido hacía tiempo en la Biblioteca Can Peixauet, empezando un vínculo casi familiar que se ha mantenido vigente. “A mi me encanta boxear y siempre traía los guantes a la biblioteca. Un día el senpai me vio calentar a dos rumanos y supongo que fue entonces cuando pensó…Ahora es el momento. Me ganó totalmente con el deporte”, confiesa.

Lee fue quién le izo ver “la realidad” a Tito. “Él siempre ha estado a mi lado, apoyándome. Creo que me ha dado todo lo que he necesitado. Me ha dado cariño, me ha enseñado a diferenciar lo bueno y lo malo, a saber qué valores hay que tener. También me ha ayudado económicamente y me ha enseñado karate”, detalla el joven.

¿Pero, qué vio Tito en José Luis Redondo para confiar en él? “La sinceridad. En el mundo donde yo me movía, que alguien ayude a un extranjero sin pedir nada a cambio es muy raro. Por eso me he tomado muy en serio la oportunidad que Lee me dio en su momento”, asegura nuestro protagonista.

En la actualidad, después de estar un par de años atendiendo en el bar La Lola de la Plaça de la Vila, Tito se ha asentado en el mundo de la soldadura y ha aprendido un oficio que le permite mantener a toda su familia y “ser feliz trabajando”.

“Los primeros meses fueron duros. Siempre te puedes encontrar a algún jefe que te machaca y llegar a pensar: le robo la caja y me largo. Pero no lo hice porque ya había decidido ser otro. Al final, tu voluntad es lo único que vale”, cuenta Faysal Boujghal.

“El mundo de los robos es adictivo. Si no luchas contra ti mismo al máximo es imposible que salgas de él. Puedes ganar en cinco minutos lo de todo un mes, pero ese no es el camino. Hay que sen honrado para ser feliz y estar en paz”, sentencia a continuación.

Escuchas hablar a Tito y ves con total claridad todo lo que este chico ha absorbido del proyecto del Karate Can Peixauet. Este Tito es otro y cuando llegó lo hizo para quedarse. “Me encanta que me conozcan por ser un buen tío, respetar y que me respeten. Sé que muchas personas se han fijado en mi cambio y ahora no puedo defraudar. Tengo que seguir luchando”, afirma con una sonrisa.

Tito cree que, “si en España todos fuéramos un poco como Lee, viviríamos en un país mucho mejor”. Después de todo el trabajo y las horas invertidas para conseguir que Faysal se convirtiera en un chico responsable, el senpai José Luis Redondo se ha ganado su apoyo incondicional.

“Siempre se lo digo a Lee y él se enfada. Si algún día alguien le hace algo, creo que volvería el Tito más malo. Por él soy capaz de hacer cualquier cosa. Cuando todo el mundo me daba la espalda, su familia me trató como uno más. La verdad es que es enorme”, reconoce nuestro entrevistado.

En Santa Coloma, Tito es un ejemplo de superación personal. Su caso ha inspirado a muchos otros jóvenes que cada semana se entrenan en el Dojo Can Peixauet y es positivo contarlo para que sirva de ejemplo.

Aún así, a los medios de comunicación a veces nos gusta demasiado poner el ojo en la polémica. En los detalles más morbosos de los delitos cometidos. Las visitas o los clics no lo son todo, ya que lo verdaderamente relevante es el ahora.

En el caso de Tito, lo heroico es volver a creer en el sistema después de vivir fuera de él. La historia de Faysal nos demuestra algo. Debemos dejar a un lado los prejuicios y el racismo, confiar en las personas y darles una oportunidad. Muchos Titos la esperan, aunque no sepan cómo pedirla.

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